Monzza fue otro de los que confiaron temprano. Nos llamaron por publicidad y arrancamos en Meta.
El objetivo estaba claro desde la primera reunión: tenían un promedio de 200 ventas mensuales y querían llegar a 400. Lo que no tenían era presupuesto para forzarlo a fuerza de inversión.
Así que fuimos de a poco. Y los resultados se notaron desde el primer momento: mucha cantidad de mensajes, mucha cantidad de ventas.
Pero eso no se sostiene con plata. Se sostiene con creativos.
Contratamos un filmmaker y armamos la estrategia junto con él.
Primero, tres videos fijados en el perfil de Instagram: quiénes son, qué hacen, qué marcas venden. La lógica es simple y casi nadie la aplica: no todo el que ve una publicidad compra en el momento, pero mucha gente entra al perfil a ver quién le está hablando. Si ahí no encuentra nada, se va.
Después, los anuncios. El enfoque lo elegimos rápido: seguridad y ahorro. Un neumático y un service no son un capricho, son lo que mantiene entera a la gente que viaja en ese auto y lo que evita que se rompa algo más caro después.
Esos anuncios los grabamos hace más de un año. Fuimos actualizando algunos, pero siguen funcionando todos. Parte del mérito es del enfoque; parte, hay que decirlo, es que en redes casi no hay competencia haciendo esto en el rubro.
Con el correr de los meses apareció una diferencia incómoda: la cantidad de mensajes que entraban no siempre se parecía a la cantidad de ventas que se cerraban.
Es el momento en que muchas agencias muestran el gráfico de mensajes y se van a su casa. Nosotros preferimos mirar la otra punta.
Si el volumen ya está y no se traduce, el problema dejó de ser la pauta. Así que empezamos a buscar gente que llegara más decidida. Es decir: Google.
Tenían web, pero era un e-commerce que no era un e-commerce. Podías ver todos los modelos que manejaban y no podías comprar ninguno. La estructura estaba mal de raíz.
Mandar tráfico de Google ahí era pagar por gente que se iba.
Hicimos landings de conversión: comunicar lo justo, comunicarlo bien, y un solo botón posible, WhatsApp. Nada de menús, nada de salidas laterales.
El porcentaje de clics de la campaña se multiplicó por tres o cuatro.
Con esas landings prendimos Google Ads. Por ese canal llegaron a vender hasta el triple de lo que vendían al principio.
Cuando las landings ya andaban solas, pudimos levantar la vista.
Estábamos todos metidos en performance —anuncios, clics, conversiones— y la vidriera estaba abandonada. La web principal seguía siendo aquel catálogo raro, y el feed de Instagram y Facebook estaba desactualizado hacía rato.
Así que rehicimos la web principal y quedó como tiene que quedar: se entiende a la perfección, y ese e-commerce mal hecho ya no está. Y con la misma limpieza fuimos al feed.
No es maquillaje. Cuando alguien te está por comprar cuatro cubiertas, va a mirar quién sos antes de transferirte. Esa mirada también hay que ganarla.
Durante mucho tiempo intentamos que los vendedores fueran completando una planilla: un CRM manual, hecho con un Excel, porque no había presupuesto para otra cosa.
Nunca se logró. Y no porque nadie quisiera: cuando estás vendiendo, completar una planilla es lo primero que se cae.
Hasta que decidieron dar el paso y meterse con un CRM de verdad. Ahí instalamos y configuramos Kommo, donde somos partners oficiales.
Ningún proceso que dependa de que alguien se acuerde va a funcionar. Tiene que pasar solo.
Nos dimos cuenta de algo que pasaba todo el tiempo: muchísima gente, en vez de mandar un mensaje, dejaba un comentario en el anuncio de Instagram o de Facebook. Y ahí quedaba.
Lo que armamos fue que ese comentario se responda solo y lleve a la persona a un WhatsApp nuevo, con un bot adelante. El bot hace las primeras preguntas filtro —qué necesita puntualmente— y recién después la pasa a un asesor.
El vendedor deja de perder tiempo averiguando lo obvio y empieza la conversación sabiendo qué le están pidiendo.
Monzza no es un negocio: son dos. Neumáticos y servicio para autos por un lado. Neumáticos, recapado y servicio para camiones por el otro. Son clientes distintos, plazos distintos y decisiones distintas.
Mezclarlos era una obligación heredada, no una decisión. Así que lo partimos en dos de punta a punta: la web, Meta, el WhatsApp y el CRM.
Y con el CRM ya andando sumamos lo que faltaba: el dato preciso de quién nos escribió, quién ya habló con un asesor y quién ya compró. Con eso, los anuncios dejaron de hablarle a todo el mundo igual.