Lo primero fue elegir. Un centro de estética tiene una lista larga de tratamientos, y comunicarlos todos es la forma más rápida de que no se entienda ninguno.
Nos quedamos con los dos servicios estrella. El resto se vende solo cuando la persona ya está adentro.
La estrategia tiene un orden: primero conseguir seguidores y, como consecuencia, generar mensajes. Lo que vendemos en esos mensajes no es el tratamiento: es la asesoría con la doctora. Es ella la que cierra.
En tres meses, más de 3.000 seguidores nuevos, muchas consultas y también cierres.
Nadie compra un procedimiento por un anuncio. Compra la conversación que el anuncio hizo posible.
También la conectamos con influencers de Córdoba, para que el tratamiento se vea contado por alguien que no es la marca.
En estética eso pesa más que cualquier promesa: la gente no quiere que le expliquen el procedimiento, quiere ver a alguien parecido a ella que ya pasó por él.
Es un proceso que recién arranca y no vamos a decir otra cosa. Pero los primeros tres meses dejaron lo que uno quiere ver al principio: audiencia creciendo, consultas entrando y cierres confirmando que el mensaje es el correcto.
Ahora toca escalar eso sin romperlo.